martes, 1 de septiembre de 2009

En esta vida hay pocas cosas que valen la pena, y una de ellas es tener el privilegio de recibir un "te quiero". No me explico como dos palabras tan simples pueden esconder tanta complejidad; como dos simples palabras pueden implicar tantas cosas. Querer a alguien, acostarte cada noche pensando en esa persona, pasarte la noche en vela pensando en esa persona, levantarte cada mañana pensando en esa persona, pasarte las horas pensando en esa persona.
Compromiso. Al decir "te quiero" se crea un pacto no escrito entre dos personas, se define el vínculo que une a esas dos personas y se llega a un acuerdo de respeto mutuo, de exclusividad; algo así como un egoísmo comprensible y compartido formado por solo dos personas. Pero un "te quiero" no sale de la nada, requiere dedicación y confianza, tiempo, cariño y empatía. El orgullo sobra cuando quieres a alguien. Solo hay sitio para las horas al teléfono, los interminables minutos esperando su llegada, las infinitas clases pensando en el tacto de sus labios, las sinceras sonrisas regaladas, las miradas de complicidad, los regalos desinteresados y su nombre en la pared. Es curioso como una persona que no es nada termine siéndolo todo, como nos degradamos y transformamos, como, de repente, nos volvemos tolerantes ante los errores de nuestro amante, nuestro compañero de camino, nuestro mundo; como el centro de dos distintos universos puede girar en un mismo sentido impulsados por la fuerza de un sentimiento. Es una atracción que no puede explicar la ciencia, más que física, más que química, incluso más que magia; es fantasía embotellada en la realidad, es algo que jamás se podrá expresar con palabras. Un sentimiento que se esconde tras la pasión, la lujuria y el deseo de poseer al contrario, a esa persona a la que no puedes negarla nada, por la que te derrites en la cama, por la que renunciarías a todo. Te vuelves cursi, las mariposas en el estómago son algo permanente y todo a tu alrededor desaparece cuando está cerca. Y esa persona lo es todo. Sin embargo nos resulta tan difícil decirlo. "Te quiero". ¿Es miedo? ¿Es vergüenza? ¿Por qué no lo decimos? Porque es como mostrarte desnudo ante esa persona. Yo me pasaría la vida diciéndotelo. "Te quiero. No me explico como dos palabras tan simples pueden implicar tantas cosas.

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